Tras medio siglo de defensa del paisaje en Lanzarote se gana un pulso a los tendidos aéreos

Hace años que existe fuerte oposición al proyecto de tendido eléctrico aéreo entre Playa Blanca y Mácher, pasando por Femés y el espacio natural protegido de Los Ajaches. Así se las gasta la población de la isla cuando corre peligro su percepción de la belleza del paisaje.
Por eso, no es de extrañar que el Cabildo de Lanzarote se haya comprometido a financiar una parte del coste del nuevo tendido eléctrico en Yaiza, para que el trazado sea limpio y sin impacto visual. Por tanto, las torretas serán soterradas a su paso por los espacios de alto valor ambiental, natural e histórico del municipio de Yaiza.
El tendido responde a un proyecto de refuerzo de la línea Lanzarote – Fuerteventura, unas obras que se iniciarán en Playa Blanca en los próximos meses.
EL ‘REGLAMENTO DE DEFENSA DEL PAISAJE’
Hace más de medio siglo que en Lanzarote ya se hablaba de intervenir sin estropear el paisaje. Como en tantos otros asuntos en aquella época, en junio de 1967 una iniciativa de César Manrique cuajó en un ‘Reglamento de Defensa del Paisaje y de la Arquitectura Popular Lanzaroteña’, aprobado por el pleno del Cabildo.
Antes, durante y después, cayeron las pocas vallas que entonces salpicaban los márgenes de las carreteras insulares y, desde entonces, con o sin ordenanzas, hay un pacto tácito en la isla en contra de los elementos perturbadores en el paisaje.
Aquel acuerdo, erigido uno de los mejores exponentes de la cultura territorial de la isla, se paseó por la Feria Internacional de Turismo de Madrid en 1981, al presentarse el fenómeno lanzaroteño como ejemplo de producto turístico, “una evolución acertada a pesar de las muchas locuras que se están haciendo, basada en una fuerte defensa del paisaje”.
Por todo ello, no es novedosa la propuesta de soterrar los tendidos eléctricos aéreos porque afean y dañan la visión y la apreciación del paisaje insular.
COSTES Y MANTENIMIENTO, LOS ARGUMENTOS EN CONTRA
Costes y mantenimiento son los dos argumentos que siempre han esgrimido las eléctricas para justificar la imposibilidad de soterrar los tendidos, sustituyendo progresivamente las torres por canalizaciones subterráneas.
Costes: la inversión es casi diez veces más elevada que con el tendido aéreo convencional, y su retorno y su amortización se desenvuelven en el muy largo plazo. Mantenimiento: en caso de producirse una avería es más complicado detectarla y repararla, aunque la tecnología ya ofrece soluciones muy eficaces.
Nadie duda en Lanzarote de la necesidad de mitigar los impactos territoriales, ambientales y paisajísticos producidos por las torretas metálicas ya existentes que conducen la energía eléctrica.
Por ello, carece de sentido ampliar su número o sustituir las que hay. Una isla en la que el paisaje es uno de sus grandes atractivos no se puede permitir la licencia de autorizar el tendido pretendido; al contrario, debería proyectar y ejecutar, por tramos y en función de los recursos disponibles, la progresiva descontaminación visual del territorio.