Apaga las luces, las pardelas jóvenes empiezan a volar y se hacen a la mar

Cada año por estas fechas se pide reducir la contaminación lumínica con el fin de evitar deslumbramientos y caídas de estas aves marinas cuando se inician en el vuelo
Cada año por estas fechas, ante el inicio de la época de aleteo de la pardela cenicienta (Calocnetris diomedea), los servicios de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias, cabildos y municipales, así como organizaciones conservacionistas como WWF o SEO Birdlife, hacen un llamamiento a la colaboración ciudadana para reducir la contaminación lumínica con el fin de evitar deslumbramientos y caídas de estas aves marinas cuando se inician en el vuelo.
Antiguamente se cazaban por su grasa
Durante los meses de octubre y noviembre, los pollos de pardela salen de sus nidos y vuelan por primera vez. De noche, las luces artificiales pueden deslumbrarles y desorientarles en su camino desde tierra hacia el mar y provocar su caída y, en muchos casos, la muerte. De ahí la importancia de reducir la iluminación, especialmente en los núcleos urbanos costeros, un esfuerzo que debería comenzar por parte de quienes lanzan las recomendaciones rebajando la contaminación lumínica en los espacios públicos.
La pardela cenicienta es el ave marina más amenazada del Archipiélago canario por la contaminación de plásticos, ya que lo consumen al confundirlo con comida debido a los colores llamativos que éstos desprenden y a la asociación de estos materiales con el olor al alimento. Eso es así hoy día, porque, antiguamente, el peligro procedía de los humanos que las cazaban por su grasa o para poder subsistir en épocas de hambrunas. Más recientemente, quienes las cazan apelan a una supuesta tradición, evidentemente malentendida.
Pardelero, bichero, embicherar…
En estos se produce el aleteo de las pardelas, el momento en el que las crías se echan a volar. Torpes y desconcertados por las luces de los núcleos de población cercanos al iniciar el vuelo, los pollos todavía son cazados en esta fase extremadamente vulnerable de sus vidas. Pero, antes de aventurarse en el mar, debieron superar otra dura prueba: que los pardeleros no consiguieran embicherarlos en sus nidos dentro de cuevas o túneles naturales, agujeros y grietas, situados por lo general en los acantilados costeros.
Un bichero es una asta de diferentes tamaños, con un gancho en un extremo, que usan los pescadores para diversos fines, como ensartar el pescado grande desde la borda, pulpear o enganchar cabos y nasas. Pero hay otra modalidad de caza de aquella incomprensible ‘tradición’. La caza de la pardela se prohibió en 1988, estableciéndose multas por la tenencia ilegal o la comercialización. Su caza está declarada delito en el Código Penal y se sanciona con penas de cárcel. A pesar de todo, aún hay gente que la captura en el litoral de Lanzarote o se desplaza al Archipiélago Chinijo con idéntico fin.