El carabinero de La Santa, la última joya que Lanzarote ofrece al mercado

El carabinero (Aristaeopsis edwardsiana) es un crustáceo decadópodo que destaca por la intensidad de su color, rojo, el tamaño de su cabeza -más grande, en proporción, que sus parientes los langostinos o la gamba- y el calibre del propio animal en sí. Y, sobre todo, por su sabor. De ahí que sea uno de los productos del mar más apreciados por los chef.
Pero una cosa es el carabinero y otra el carabinero de La Santa. Y de eso no para de hablarse en Lanzarote y en los ambientes culinarios, cocineros y críticos, desde hace un buen tiempito.
Primero fueron las gambas de La Santa, que la familia Oliveros se afanó, y se afana, en capturarlas y mostrarlas al mercado. Y un buen día, apareció uno de estos bicharracos y por ahí hallaron una nueva vía de negocio.
El carabinero de La Santa suele capturarse en unas profundidades en torno a los 800/1000 metros, en nasas que suelen dejarse un par de días. La producción es escasa en número pero rentable en peso. Un carabinero que asoma del Atlántico lanzaroteño puede llegar a los 300 gr. o incluso superarlos. En todo caso, en condiciones normales, en un kilo, no más de seis.
Su sabor es intenso, como corresponde al carabinero, pero al tiempo delicado y hasta un punto dulzón. Adictivo, al que le guste el buen marisco. Se ha introducido ya sin disimulo en las cocinas de los mejores restaurantes de Canarias y es común hallarlo en elaboraciones que van desde los arroces melosos hasta ejercer de solista y dejarse envolver por técnicas de alta gastronomía, como se ha visto en el Festival de las Cocinas Volcánicas con Diego Schattenhofer y Erlantz Gorostiza (dos Estrellas Michelin).

