Cien años del varamiento del correíllo La Palma, que encalló en Arrecife y pudo ser reflotado

En 2025 se cumplirá el centenario de un naufragio en la marina de Arrecife que pudo acabar en tragedia. El 27 de noviembre de 1925, el varamiento del vapor La Palma en el viejo muelle comercial de Arrecife, conocido en aquella época como muelle Grande, estuvo a punto de causar una verdadera calamidad. El incidente fue un gran acontecimiento en la capital insular a principios del siglo XX.
A finales de noviembre de 1925, un fuerte temporal azotó Lanzarote y el resto de las Islas Canarias. A pesar del mal tiempo, el vapor La Palma realizaba su trayecto habitual entre la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y el puerto de Arrecife, atracando al filo del mediodía con varias horas de retraso sobre la hora prevista.
El barco tenía previsto regresar a Gran Canaria esa misma noche, pero arreció el temporal y, a primera hora de la madrugada del día 27 de noviembre, rompió las amarras a uno de los norays de hierro del antiguo muelle comercial y quedó a merced del viento y el fuerte oleaje, abordando y hundiendo a dos pailebotes, el Cabo Juby y el Anselmo, aunque sin causar víctimas.
Orden de abandonar el barco
A bordo, el capitán y la tripulación hacían lo imposible por arrancar las máquinas y gobernar el barco, pero sus esfuerzos fueron en vano. Finalmente, el buque encalló en la baja que estaba muy próxima. El capitán ordenó abandonar el barco, que permaneció varado durante unas dos semanas en unas condiciones muy peligrosas, convirtiéndose en el centro de atención de la población de la capital.
El diario republicano El Progreso informó de que, al mediodía, el Delegado del Gobierno en Lanzarote remitió un telegrama a Las Palmas de Gran Canaria: "A la una de la madrugada y por efecto del temporal, arrancó un morón [noray] el vapor La Palma, viniendo de popa contra el muelle, al que ocasionó desperfectos de poca consideración, encallando luego en la bahía, en condiciones alarmantes, salvándose la tripulación que hubo de abandonarle".
Los daños fueron de tal envergadura que la compañía armadora estuvo a punto de darlo por perdido. Los buzos y las bombas de achique trabajaron a destajo y, finalmente, el 14 de diciembre fue reflotado. Tras unas reparaciones de emergencia en el propio muelle, se taponaron las vías de agua con cemento y se aseguró su flotabilidad hasta que zarpó el 21 de diciembre y se dirigió despacito al Puerto de La Luz.
Vapores y motonaves: correíllos
Las Islas Canarias deben la creación un servicio regular de líneas marítimas de vapores para el transporte del correo a finales del siglo XIX al ministro de Ultramar durante el reinado de Alfonso XII, el grancanario Fernando León y Castillo. El vapor La Palma formaba parte de una segunda hornada de barcos construidos en astilleros británicos y que se completó en 1912.
La flota popularizó el nombre de correíllos. Con esta denominación eran conocidos los vapores y motonaves que desde fines del siglo XIX cubrieron las líneas marítimas interinsulares entre las Islas, transportando pasaje, carga y correspondencia. Algunos de ellos, como el La Palma, continuaron en activo hasta mediados de los años 70, habitualmente con el casco pintado de negro. Este navío aún se conserva y permanece atracado en Santa Cruz de Tenerife.
Construido en los astilleros de Middlesbrough (Inglaterra), es un vapor mixto de carga y pasaje, con casco de acero remachado, proa recta y popa redonda. Tiene una eslora de 67,10 metros, una manga de 9,05 metros y un calado de 3,70 metros. De la conservación de la nave se ocupa la Fundación Canaria Correíllo La Palma, cuyo objeto es promover, diseñar y dirigir la restauración, así como gestionar el buen uso del buque y dar a conocer sus valores históricos y patrimoniales como recurso cultural y turístico.
El pasaje se distribuía en tres clases
La web de la Fundación recoge que el pasaje se distribuía oficialmente en tres clases, que ocupaban espacios habilitados en diferentes cubiertas con instalaciones acordes con cada categoría. Así, la Primera Clase ocupaba la cubierta principal y contaba con camarotes amplios y acceso a un lujoso salón amueblado y revestido en madera y terciopelo al estilo inglés. La Segunda Clase se ubicaba en la cubierta de entrepuente, con camarotes dobles o cuádruples dotados con aseo en una de las últimas reformas.
El espacio destinado a Tercera Clase se disponía en el entrepuente de la bodega situada a popa, y contaba con espacios muy reducidos, camarotes múltiples y servicios comunes en la toldilla de popa. Además, transportaba un buen número de pasajeros cuyo billete no daba derecho a una plaza en el interior del buque y se distribuían de manera más o menos precaria en el exterior.
Los grandes barcos embarrancados en la costa son muy llamativos. En Lanzarote hay dos buenos ejemplos de siniestros marítimos recientes, como son los casos del Telamón y el Rolla 1, que, como sucedió con La Palma, llamaron poderosamente la atención.
El Telamón y el Rolla 1, casos recientes
El Telamón, un carguero de bandera griega, realizaba el trayecto entre Costa de Marfil y la ciudad de Tesalónica. El 21 de octubre de 1981, cuando navegaba por la Bocaina, entre Lanzarote y Fuerteventura, sufrió una vía de agua que amenazó la vida de los tripulantes y su valiosa carga, integrada por enormes troncos de madera. El capitán puso rumbo a Arrecife y recaló en el muelle de Los Mármoles. Al ser imposible su reparación y ante el 2 riesgo de que se hundiera dentro del puerto, el barco fue transportado a la trasera del espigón y fue embarrancado intencionadamente y con sumo cuidado diez días después.
Poco tiempo después, el 19 de enero de 1982, el Rolla 1 encalló en la playa de la Caleta de Famara. El navío se dirigía a Nigeria y en sus bodegas transportaba unas cuatro mil toneladas de cemento. Cuando transitaba por el norte de Lanzarote, parece ser que sufrió una vía de agua en la sala de máquinas y acabó embarrancando frente a La Caleta. En poco más de treinta años, el empuje de las olas ha reducido casi a la nada al carguero.
Mientras el Telamón conserva buena parte de su estructura, la mar de barlovento, mucho más brava, ha acabado desmenuzando el Rolla 1.