La arquitectura lanzaroteña en el siglo XXI, cada vez más alejada de su originalidad

A pesar del fuerte crecimiento turístico y urbanístico experimentado en la isla, en todo momento ha habido buena arquitectura, pero ha sido y es la excepción, no la norma
Día 2 de octubre, Día Mundial de la Arquitectura. De celebrarse en Lanzarote, habría que hacerlo en penumbra y en voz baja, puesto que no hay mucho que conmemorar a pesar de los esfuerzos aislados provenientes de algunos promotores y profesionales de la arquitectura. La creación en fecha reciente de los Premios de Arquitectura de Lanzarote por parte del Colegio de Arquitectos y Arquitectas persigue reconocer las mejores obras realizadas, por lo que se convierte en un estímulo para la buena arquitectura.
Algunos ejemplos de buena arquitectura en las últimas décadas serían el Restaurante El Diablo en las Montañas del Fuego, el primer Arrecife Gran Hotel, el Hotel Salinas, la Escuela de Pesca, la Escuela de Arte Pancho Lasso, el Mirador del Río o el Centro de Interpretación y Visitantes del Parque Nacional de Timanfaya. Y poco más.
Dejadez en el decoro y ornato de fachadas
En los últimos 50 años, a pesar del fuerte crecimiento turístico y urbanístico experimentado en la isla, en todo momento ha habido buena arquitectura, pero ha sido y es la excepción, no la norma. Ha brotado una arquitectura que no responde a la reconocida tradición arquitectónica insular. Esta es una de las conclusiones de un diagnóstico sobre el paisaje, en su vertiente arquitectónica, que pone de relieve una evidencia: las edificaciones se alejan de la tradición local y son cada vez más impersonales.
El diagnóstico es del informe Biocrit. Análisis crítico del actual paisaje insular de Lanzarote (2016). En el medio rural se ha impuesto una arquitectura “que no responde por materiales, cromatismo, cerramientos ni volumetría y composición”, en general, a la original tradición arquitectónica lanzaroteña. Dejando a un lado las excepciones, que las hay y muy relevantes, el diagnóstico hace referencia a edificios abandonados y sin acabar o con bloque de hormigón visto, y a ornamentos inadecuados, como las balaustradas. En el interior de la isla se está viendo algo inaudito hasta hace relativamente poco tiempo: dejadez en el decoro y ornato de fachadas.
Insularización urbana del territorio
El abandono de la actividad agrícola, las construcciones ilegales, las escombreras clandestinas y los cerramientos de parcela con materiales efímeros e inadecuados, como los bloques de hormigón, acrecientan el deterioro. Pero, en el fondo, lo más grave para el conjunto son los procesos de insularización urbana del territorio, lo cual tiene una alta incidencia paisajística. Es decir, la consideración de toda la isla, prácticamente, como un territorio susceptible de acoger construcciones.
En el medio urbano se da la situación anterior, aunque exponencialmente y con algunos matices propios. Véase Arrecife. Entre otros, la amenaza de nuevas volumetrías impactantes en altura o de ocupación masiva, o la presencia de ‘calvas’ en el espacio urbano que anuncian núcleos dispersos y que le dan la espalda a la compactación. Sobre el patrimonio edificado, parte del cual se encuentra en estado de ruina o abandono, se señala que faltan recursos materiales y personales para su mantenimiento y explotación.
