JM Quintero

A la trola limpia

15/6/2020
La patraña se ha adueñado del argumentario de las derechas más extremas en todo el mundo para conquistar o mantener el poder. A la moda se ha apuntado un Partido Popular (PP) que se echó al monte para tratar de frenar el avance de Vox por su flanco derecho, pero parece que se siente la mar de a gustito destapando el tarro de la esencias del franquismo: cualquiera diría que es su estado natural. Unos y otros llevan así varios meses, justo desde que comenzó a fraguar el pacto de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, y no parece que vayan a aflojar. Pretenden demoler el Gobierno y como no parece que vayan sobrados de buenas razones lo intentan a la trola limpia. 
Estas prácticas pretenden subvertir las reglas de la democracia, así que algo hay que hacer
 
Un ejército de robots vienen propagando infundios y bulos, los famosos fake news, en las redes sociales a una velocidad extraordinaria, contaminándolo todo, pero parece que el Gobierno ya se ha cansado. Vox se ha llevado la palma con la pandemia, saliendo a noticia falsa por minuto, pero, ¿estamos ante una actitud delictiva? El sabotaje informativo o la creación de cierta alarma social a base de embustes han generado debate en el mundo jurídico al tratar de dirimir el impacto de las noticias falsas en la opinión pública y su posible encaje en el Código Penal. ¿Una nueva cara de la censura? ¿Dónde están los límites de la libertad de expresión?
 
Como quiera que sea, estas prácticas pretenden subvertir las reglas de la democracia, así que algo hay que hacer. Y pronto, porque la ultraderecha antidemocrática no ha llegado para conformarse con perder todas las elecciones. Las noticias falsas escupen odio, injurian y calumnian abiertamente, infunden miedo y, sobre todo, crean alarma y desinforman, y así vamos, de sobresalto en sobresalto en un clima muy enrarecido que alienta la confrontación. Mientras los juristas se aclaran, hay una regla básica que debe seguirse a raja tabla, y que consiste en no hacerles ni caso y evitar propagar y amplificar sus dislates. Que la trola y los troleros no se instalen en nuestras agendas, en nuestro relato colectivo.

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