Paulino Rivero

El ‘factor cansancio’

11/8/2019
Lo peor está aún por venir. Así cerré mi reflexión del pasado domingo, en la que analicé el convulso y desconcertante tiempo político que estamos viviendo en España desde las elecciones generales de diciembre del 2015, especialmente a partir de los episodios que se sucedieron a continuación, entre otros, y con especial trascendencia, el desistimiento de Mariano Rajoy  a presentarse a la investidura al carecer de los apoyos necesarios, el primer fracaso de Pedro Sánchez a ser investido, las elecciones generales de junio de 2016, la dimisión del secretario general de los socialistas -al verse forzado por los suyos a facilitar la investidura de Rajoy-, la moción de censura a Rajoy y la proclamación de Pedro Sánchez como presidente -en junio de 2018-, y las elecciones generales de abril del 2019, seguidas de un nuevo rechazo a la investidura del líder socialista el pasado mes de julio.
 
El camino que ahora queda por delante anuncia más espinas que rosas. Si no cambia radicalmente la actitud de los líderes políticos y de sus respectivas organizaciones, lo peor está aún por llegar.
 
Hasta ahora el fracaso de la política es más que evidente; y preocupante
La incapacidad que están mostrando unos y otros para materializar a través del diálogo y el entendimiento, el mandato dado por los ciudadanos raya la irresponsabilidad. Los ciudadanos vienen expresando con rotundidad -desde las elecciones del 20 de diciembre del 2015- que su confianza para gobernar el Estado está repartida entre cinco grandes opciones políticas y que, por lo tanto, éstas tienen que hacer uso del arte que se le supone a la política para dar con puntos de encuentro que haga viable la apuesta por la pluralidad y el multipartidismo.
 
Hasta ahora el fracaso de la política es más que evidente; y preocupante. Lo que tenemos por delante, con lo antecedentes expuestos, no invita al optimismo.
 
Una breve radiografía del escenario político que nos encontraremos a la vuelta de agosto nos deja el 23 de septiembre como fecha límite para que Sánchez pueda lograr los apoyos necesarios para ser investido; de lo contrario, iremos a nuevas elecciones. Vienen curvas. La sentencia del ‘procés’ y la repercusión en potenciales acuerdos con los rupturistas de Cataluña, el rechazo mutuo a un entendimiento entre los dos grandes partidos de Estado, PSOE y PP; la renuncia de Ciudadanos a jugar con sus 57 escaños en favor del interés general -y, en mi modesta opinión, del suyo propio-. No son pocos los capítulos y ni uno solo camina hacia las soluciones.
 
Sin duda, un episodio central de esta cadena de fracasos ha sido y es final -desafortunado- del último intento de un gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos, con una negociación desconcertante que ha generado una desconfianza creciente entre los dos grandes partidos de izquierdas, situación que no favorece un leal y sincero acuerdo programático con el que nuclear una mayoría de gobierno.
 
Objetivamente, la incapacidad mostrada hasta ahora por los dirigentes políticos para alcanzar acuerdos no invita al optimismo; todo lo contrario, con o sin nueva convocatoria electoral lo peor puede aún estar por venir.
 
Las últimas encuestas publicadas señalan con claridad que los votantes de los  tres partidos situados ideológicamente en la derecha prefieren una nueva convocatoria electoral; por contra, un alto porcentaje de los votantes de Unidas Podemos y del PSOE coinciden en la idea de descartar nuevas elecciones para avanzar en la búsqueda de un acuerdo de colaboración entre ambos, que pueda dar forma a una mayoría con el apoyo de las fuerzas independentistas y territoriales.
 
Aunque las encuestas invitan a Sánchez a ir a nuevas elecciones, está por ver si le entra vértigo
El PP y Ciudadanos continúan su particular batalla para ver qué fuerza se hace con el liderazgo del centro-derecha, por lo tanto no cabe esperar un cambio brusco en su firme posición de no facilitar la investidura de Pedro Sánchez. La larga inacción de Sánchez después de las elecciones del 28 de abril -casi tres meses sin mover ficha- apuntó en la dirección de que no solo no le importaba tener que volver a las urnas, sino que incluso lo estaba provocando. Tampoco es descartable que la pasividad mostrada por el ganador de las elecciones de abril persiguiera debilitar la posición negociadora de Iglesias y los suyos, en el convencimiento de que los de Unidas Podemos son los que aparentemente más arriesgan en el caso de tener que volver a las urnas.
 
Hasta ahora Pablo Iglesias le mantiene el pulso a Sánchez. Su renuncia a formar parte de un gobierno de coalición entre ambos supuso un golpe de efecto importante en la lucha que ambos mantienen en el tablero de ajedrez de la imagen.
 
Aunque las encuestas invitan a Sánchez a ir a nuevas elecciones, está por ver si le entra vértigo al no poder controlar a su hipotético mayor adversario: la abstención. El cansancio entre el electorado incrementa la imprevisibilidad y la incertidumbre. A pesar de los sondeos, a Sánchez deben estar asaltándole algunas dudas que no tenía hace semanas o meses. En septiembre sabremos si en su cabeza pesaron las buenas expectativas que le cuentan las encuestas o las dudas de un electorado harto de tanta interinidad e incapacidad para cerrar acuerdos que permitan contar, por fin, con un Gobierno a pleno rendimiento.

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