Top Secret, 11 de febrero de 2019

Abarrotado

11/2/2019

Abarrotado

Los que tienen ya cierto recorrido vital seguro que recuerdan una de esas expresiones que han quedado para ser utilizadas por el común. Del estilo un poquito de por favor, o no puedor. Se trata de una pregunta que era respondida a coro: ¿Cómo estaba la plaza? La respuesta era, y sigue siendo, '¡abarrotá!'. La popularizó una pareja humorística que se hacía llamar el Dúo Sacapuntas y que saltó a la fama en un popular concurso llamado 'Un, dos, tres'. Seguro que se acuerdan. Creo, incluso, que mientras pronunciábamos lo de 'abarrotá' juntábamos las yemas de los dedos de las manos, los de cada mano entre sí, haciendo el reconocido gesto de abundancia. Regresan ahora estos recuerdos ante la proliferación de comunicados de partidos políticos que, en estos días, presentan a sus candidatos a las elecciones de mayo próximo. Rara es la nota de prensa en la que el encargado, o encargada, de redactarla no utiliza el verbo abarrotar para definir el aspecto del local donde el aspirante ha soltado las cuatro obviedades de pre campaña. Estamos en unos tiempos en los que todo estará abarrotado. Y si no lo está, haremos ver que sí. Una suerte suprema, la del abarrotado, de la que disfrutarán las distintas formaciones políticas hasta que las urnas les desmientan.

Flexible

Los verbos pueden clasificarse de muchas formas. Desde un punto de vista morfológico pueden ser regulares o irregulares, desde la duración temporal de las acciones, perfectivos o imperfectivos, de acuerdo al aporte de significado que ofrezcan pueden ser copulativos, semicopulativos, predicativos, transitivos, recíprocos, reflexivos, intransitivos o pronominales; si sirven para apoyar el significado de otros verbos se llaman auxiliares. Y si es para dar moral a la tropa y dar una imagen poderosa pueden ser flexibles. Abarrotar es un verbo flexible. Lo mismo se abarrota un local con quinientas personas que una habitación con veinticinco o un taxi con cuatro. El caso es abarrotar espacios. Se diría, incluso, que en los mensajes que se lanzan a la opinión pública lo primero y más importante es el abarrotamiento antes que el mensaje de fondo. Si es que en el fondo hay algún mensaje. Que a lo mejor el problema es ese: a falta de cosas mejores que comunicar, diremos que la plaza estaba abarrotada y así iremos escapando.

Las caras abarrotadas

Pero resulta que también hay calidades de abarrotamiento. Como de casi todo. En este caso puedes abarrotarte de caras conocidas o de espectadores anónimos. Desengañémonos. En la inmensa mayoría de las ocasiones los que perpetran el abarrotamiento son los mismos que acabas de ver en la sede del partido. Algún familiar orgulloso del abarrotador y para de contar. Muchos se ponen el traje de abarrotar y tiran para el local con la esperanza de, quién sabe, si la inversión de tiempo y tela tiene su recompensa en cuanto pasen las elecciones. Es la rueda de la política. Me afilio, lo que vendría a ser categoría abarrotador básico, con la intención, o excusa, de echar una mano en lo público, que la vocación se me sale por las orejas y no sé qué hacer con ella. Y a medida que voy abarrotando, asciendo en el escalafón. Con un poco de suerte, algún padrino que otro y la habilidad suficiente para colocarme en el lado correcto a la primera crisis interna que venga, en unos meses seré yo el abarrotador.

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