Antonio González Viéitez

¿Se acuerda del 'es demasiado grande para caer'?

24/3/2020
Esa frase se hizo famosa porque resumió de modo categórico, allá por 2008, la “única” solución posible a la terrible crisis que asoló a todos los países capitalistas avanzados. Aquel estruendoso maremoto financiero se llevó por delante la conquista de los derechos sociales universales mantenidos hasta fines del siglo XX. Y se fue instaurando lo que hemos dado en llamar ‘Sociedad del Precariado’ y que se autodefinió con dos tajantes consignas demoledoras: “Es lo que hay"; "no hay alternativa".
 
Así, en el ámbito de la OCDE y soportada por tamaños principios, se llevó a cabo la más impresionante y cuantiosa de las operaciones de salvaguarda económica en tiempos de paz de toda la Historia. Porque tenemos que recordar cómo el sistema bancario globalizado, desbocado en una huida hacia delante en la persecución de beneficios insostenibles, y acuciado por la avaricia más patológica, se despeñó en tremenda bancarrota bancaria. Subrayemos cómo, en aquel entonces, el sistema en su conjunto se quedó perplejo (Sarkozy: “hay que refundar el capitalismo”). Pero la perplejidad, con enorme rapidez, volvió a dar paso a la tranquilizadora afirmación de que solo se trataba de una pasajera “exuberante irracionalidad” (Greenspan dixit).
El poder económico es reconocido en la práctica como el poder verdaderamente determinante
 
De ese modo se restableció con inusitada fortaleza la ortodoxia neoliberal. Y, muy lejos del primer capitalismo competitivo, se impuso la decisión de que el sistema financiero global (mejor dicho el puñado de grandes bancos trasnacionales) era demasiado grande para quebrar (too big to fail). En otras palabras, si se les dejaba caer se desencadenarían consecuencias sistémicas letales sobre el conjunto de la economía y de la sociedad.
 
Esta impresionante afirmación, en mi opinión, enfatiza dos elementos cruciales del actual sistema en vigor: 1) Se confirma, y acepta, que la actual estructura económica y financiera  global es oligopolista. Si no fuera así, aquellos bancos que tuvieran que quebrar, quebrarían sin tener consecuencias sobre el sistema. Pero no era el caso. Por eso, la sociedad entera debería sacrificarse para salvarlos, como así fue. 2) Así, el poder económico es reconocido en la práctica como el poder verdaderamente determinante, el que dicta las políticas que hay que adoptar y que, por supuesto, son aquellas que lo defienden y mantienen. 
 
De esta forma los gobiernos fueron los encargados de “reconducir” la situación. Entregando enormes cantidades de recursos públicos para salvar al oligopolio bancario. Aunque para ello tuvieran que poner en práctica, sin complejos, dos actividades quirúrgicas de relevancia también sistémica. De una parte, reformar la estructura nada menos que de todo el sistema de las relaciones laborales, para que el Trabajo no pusiera dificultades y que el Capital pudiera superar la bancarrota. Se llegó hasta a la  modificación exprés de la Constitución. Recuérdese: “Me cueste lo que me cueste”. Mientras que, de otra parte, se imponía realizar una durísima política de recortes de los servicios públicos fundamentales para poder trasvasar los recursos y compensar así las pérdidas del poder bancario. Eso sí, al tiempo que se salvaba el sistema, se aprovechó para reorientar toda la estrategia para que la hegemonía del poder económico no tuviera en adelante y hacia el futuro más dificultades. Se iniciaba la Sociedad del Precariado. “No hay alternativa”.
¿Y ahora con la crisis pandémica? Lo más significativo de cualquier crisis se centra en intentar entenderla
 
Si Lehman Brothers abrió la crisis financiera del 2008, el coronavirus abrió la actual en 2019. Creo que lo más significativo de cualquier crisis se centra, por supuesto, en intentar entenderla, único modo de sacar enseñanzas y conclusiones solventes. A) Esta crisis ya no es global de las economías capitalistas desarrolladas. Está siendo planetaria y afecta al género humano, cualquiera que sea su forma de organización, nivel de desarrollo y patrimonio cultural. Otra cosa es que el impacto sea diferenciado.
 
B) Esta crisis no tiene sus orígenes directos en comportamientos de la economía, es decir en las relaciones sociales. Surge de las  interconexiones existentes entre el hombre y la Naturaleza, entre el hombre y la Biosfera. Es más, de acuerdo con la valoración científica más sabia a mi modo de ver, existe una relación directa entre el impacto de este virus sobre la Humanidad y la pérdida continua de biodiversidad que va originando nuestra civilización. Y es que los millones de formas de vida que van desapareciendo, se llevan consigo una parte importante de las formas de vida que se interponen entre el  hombre y el resto de la Naturaleza, dejándolo cada vez más expuesto a situaciones y contagios nuevos, desconocidos y, hasta ahora, frenados por una especie de escudo, de “biomalla” equilibrada y defensora.
 
C) Esta crisis, por tanto, no afecta directamente a la actividad productiva, ni distingue entre los diferentes sectores económicos. Se viene centrando en el bien público más primario y apreciado de cualquier sociedad y de cualquier ser humano: la salud y el derecho a vivir de cada persona y de la sociedad en su conjunto. En su caso, los efectos sobre la actividad productiva, son derivados.
El  único paradigma que puede gestionar todo este nuevo mundo, es la sostenibilidad
 
D) El espíritu social y las pautas de comportamiento que están prosperando estas semanas responden al convencimiento de que la única solución es colectiva, de todos y de cada uno. A diferencia del “sálvese el que pueda” de 2008, ahora predomina el carácter comunitario, solidario y fraternal. Es cierto que hay un sector de la población que todavía no entiende y se expresa  por ejemplo en la obsesión del acaparamiento, en el mercado negro y en determinados comportamientos insolidarios. Pero es verdad que resulta asombroso que la inmensa mayoría de las poblaciones mundiales afectadas, asuman con tanta aquiescencia nada menos que la prohibición de libertad de movimientos y que la cuarentena funcione sin dificultades apreciables. Todavía un punto más allá. Hasta ahora, las manifestaciones improvisadas eran para protestar por vaya usted a saber qué. Estos días estamos viviendo emocionantes y conmovedoras formas de apoyo social a aquellos sectores profesionales que están en primera línea. Los aplausos desde balcones y ventanas a los profesionales sanitarios, es cierto que vienen facilitados por la existencia de redes sociales, pero demuestran un formidable salto del sentido de fraternidad y de comunidad que florece en todos los rincones del Planeta, en especial, creo, en los de nuestro entorno cultural.
 
E) Si todo esto es así, el  único paradigma que puede gestionar todo este nuevo mundo, es la sostenibilidad. El paradigma de su contrario, el crecimiento, es del todo ineficaz. Porque, como sabemos, la mejor estrategia social para crecer es la competencia, nunca la cooperación. Pero para consolidar la sostenibilidad es imprescindible cooperar, cuidar los bienes públicos y creer en una solución de todos y “que no deje a nadie atrás”. Expresión que se ha convertido, afortunadamente, en lugar común de todos los portavoces responsables.
A modo de propuestas. “Demasiado grande para caer”, ahora la decisión no puede ser otra
 
Si en la crisis financiera de 2008, el poder establecido aceptó aquello de que “era demasiado grande para caer”, ahora la decisión no puede ser otra, con todas sus consecuencias. Salvo que se quiera apostar no por el fin del planeta, sino por el fin de la humanidad sobre este mismo planeta.
1) A corto plazo, hay que disponer de los recursos necesarios para evitar que las consecuencias económicas devastadoras que van a generarse produzcan el sufrimiento de las personas. Por eso habrá que gastar el dinero que haga falta acudiendo al endeudamiento global y local, sin restricciones económicas ni administrativas de ningún tipo. El carácter planetario de esta crisis (como la del cambio climático) exige estudio y gestión al mismo nivel. El que, a corto plazo, se considere inimaginable, no quiere decir que no sea posible. Todo el mundo está afirmando que “mañana nada va a ser igual que ayer”.
 
2) A medio plazo, la financiación vendrá por una profunda reforma fiscal que obtenga los recursos suficientes de forma justa y proporcional.
 
3) Pero habrá que estar muy atentos para que los recursos así obtenidos  [Ya hay propuestas ambiciosas de un nuevo Plan Marshall, incluso De Guindos propone una transitoria renta mínima de emergencia…]  no se destinen a solventar las cuestiones más acuciantes, pero con la vista puesta en la reconstrucción de la situación previa. Lampedusa...
 
4) El paradigma de sostenibilidad va a exigir estrategias globales. a) Económicas. Se profundizará en la economía de los cuidados. Y será necesario obtener recursos suficientes para afrontar el creciente gasto social. Recursos que no tienen que venir exclusivamente del apartado fiscal. b) Sociales. Que acaben con la sociedad del precariado y luchen contra las desigualdades planetarias más indecentes, universalizando los servicios públicos básicos y c) Medioambientales. Para que reconquistemos en lo posible los equilibrios de Gea, de manera que las generaciones futuras puedan beneficiarse de las enormes riquezas de una Biosfera saludable.
 
En suma para que, entre todos, vayamos conquistando un nuevo sistema social fraternal y sostenible. Y que los éxitos de las futuras generaciones se sustenten, cada vez más, en el Ser que en el Tener.

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Muchas gracias por el artículo, ha sido un placer leerlo.

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