SEMBLANZA

José Clavijo y Fajardo, rompecorazones e ilustrado nacido en La Villa, grande entre los grandes

Retrato de José Clavijo y Fajardo, atribuido a Joaquín Inza.

Periodista, dramaturgo, naturalista y traductor, ocupó una posición privilegiada en el ámbito de las letras y la ciencia españolas de la segunda mitad del siglo XVIII

Podríamos contar con los dedos de una mano a los grandes hombres y mujeres que han nacido en esta isla o que la han elegido como hogar. En cualquier caso, auténticos grandes de todos los tiempos hay muy pocos. Muy probablemente, esa breve lista estaría encabezada por José Clavijo y Fajardo (Teguise, 19 de marzo de 1726 – Madrid, 3 de noviembre de 1806).

El retrato original de Clavijo y Fajardo

En 2011 se dio a conocer el retrato original de José Clavijo y Fajardo, la imagen más representativa que tenemos de su figura. Esto ocurrió durante el resumen de la conferencia sobre Los Clavijo, que tuvo lugar en el Teatro Municipal de la Villa de Teguise. Así, logramos ponerle color al rostro de uno de los nombres más célebres que las Islas Canarias aportaron a la Ilustración española, además de un reconocido rompecorazones de su época.

Atrapado por la Ilustración y su espíritu, José Clavijo y Fajardo abarcó diversas disciplinas, pues fue traductor, naturalista, publicista y escritor, tal y como constata Yolanda Arencibia en el portal de la Academia Canaria de la Lengua. Según ella, su más valioso legado para la posteridad fue el semanario ilustrado El Pensador, una de las publicaciones más representativas de su época. En ella, Clavijo y Fajardo organiza los seis volúmenes de su periódico en “pensamientos” variados y flexibles, en todos los cuales se muestra como verdadero “espectador” de la vida social española, sobre la cual reflexiona, opina y propone.

Sus amores con Lisette

Pero, al mismo tiempo, hay quien sostiene que, en realidad, “no fueron sus méritos como escritor, periodista, naturalista, defensor y divulgador de la ciencia ilustrada los que le dieron fama internacional a José Clavijo sino sus amores con Lisette”, como asegura Soraya Peña en el portal del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

El aura de casanova de Clavijo y Fajardo perdura como personaje literario por su disputa con Beaumarchais, con motivo de la supuesta propuesta matrimonial, no cumplida, que le había hecho a la hermana de este, bastante sonada en la época, y cuyo argumento expuso Goethe en su drama Clavijo. En dicha obra, Beaumarchais, un  dramaturgo  francés reconocido sobre todo por sus obras de ambiente español, como  El barbero de Sevilla , se bate con Clavijo y le da muerte. Si tanto éxito tuvo entre las damas de la Corte siendo un hombre atractivo, el retrato que conocimos en 2011 no parece hacerle justicia, la verdad.

Contacto con la Ilustración francesa

Periodista, dramaturgo, naturalista y traductor, como lo define Juan Riera en el portal la Real Academia de la Historia, antes de cumplir los veinte años viajó a París, donde cursó varios estudios. El contacto con la Ilustración francesa fue determinante en su ulterior actividad literaria y científica. Este conocimiento de primera mano de la cultura y la ciencia francesas, sus relaciones con el grupo de abanderados de la Ilustración española, le valieron una posición privilegiada en el ámbito de las letras y la ciencia españolas de la segunda mitad del siglo XVIII, subraya Riera.

Amigo de Voltaire y Diderot, pretendió traer a España, a imitación del modelo francés, el pensamiento ilustrado. Al final de su vida, Clavijo regresa a la Corte y es nombrado director de los Teatros de los Reales Sitios por el rey Carlos III. Poco después ostentó el cargo de director del Gabinete de Historia Natural de Madrid e ingresa en las Academias de Historia Natural de Berlín y Copenhague, de la mano de Humboldt, a quien Clavijo había introducido en los círculos científicos madrileños.

Reformador de las costumbres españolas

José Clavijo y Fajardo nos legó una sólida trayectoria literaria y periodística, además de un gran trabajo de divulgación de las ciencias naturales en nuestro país, junto a una loable tarea como traductor de numerosas obras filosóficas y literarias del francés y del italiano. Su aportación literaria más valiosa la realiza como reformador de las costumbres españolas a través de la publicación de El Pensador, como quedó recogido anteriormente.

Al ser destinado a Lanzarote, en 1928, para dirigir el recién creado Instituto de Enseñanza Elemental, el escritor Agustín Espinosa impartió la lección inaugural del centro glosando la figura de Clavijo y Fajardo, cuya trayectoria conocía en profundidad. No en vano, la tesis doctoral de Espinosa versó sobre él. Dos semanas después de aquel discurso, la pieza apareció en la prensa local bajo el título Teguise y Clavijo y Fajardo, en lo que se sería un adelanto de un fragmento de su vanguardista libro Lancelot 28º-7º [Guía integral de una isla atlántica].

Hijo del parto “más jubiloso de Lanzarote”

Clavijo y Fajardo es hijo del parto “más jubiloso de Lanzarote”, a juicio de Espinosa. Son muy pocas las personas de la isla con una proyección auténticamente universal y atemporal. Además, del propio Clavijo, enseguida nos vienen a la mente figuras como el artista César Manrique, el físico Blas Cabrera Felipe, cuyo nombre sonó para el Premio Nobel o el escritor José Saramago, Nobel de Literatura nacido en Portugal y que eligió Lanzarote como lugar de residencia.

En 2026 se celebrará el 300 aniversario del nacimiento de José Clavijo y Fajardo. Quizá ha llegado el momento de reflexionar, con suficiente antelación, sobre si merece un reconocimiento mayor que el de dar nombre a dos espacios públicos en su isla natal: una calle en el barrio de Valterra, en Arrecife, y una plaza en La Villa.