EFEMÉRIDE

Bodegas El Grifo, una de las instituciones más antiguas y en activo de Lanzarote

Foto de Bodegas El Grifo. Interior.

El Grifo es la bodega decana de las Islas Canarias, la quinta más antigua de España y la única bodega conocida que ha producido vinos sin interrupción durante casi 250 años

Muy pocas instituciones lanzaroteñas en activo tienen una historia tan larga como la de Bodegas El Grifo. Para ponerlo en perspectiva, el Cabildo, nuestro gobierno insular, cuenta con tan solo 111 años de vida, los mismos que la Escuela de Arte Pancho Lasso. Por su parte, la Sociedad Democracia alcanza los 174 años, mientras que Arrecife celebra actualmente los 225 años desde la fundación de su municipalidad.

Otro ejemplo destacado es la logia masónica Atlántida 92, que celebrará 150 años la próxima primavera. Sin embargo, ninguna de estas instituciones alcanza la antigüedad de Bodegas El Grifo. Para encontrar entidades con trayectorias más longevas, tendríamos que remontarnos al estatus fundacional de la Villa de Teguise o a las primeras parroquias erigidas en la isla.

Una experiencia doblemente inolvidable

El Grifo es la bodega decana de las Islas Canarias, la quinta más antigua de España y la única bodega conocida que ha producido vinos sin interrupción durante casi 250 años. Para conmemorar tan notable efeméride, los hermanos Otamendi Rodríguez- Bethencourt han preparado una celebración a la altura de la ocasión. Como anticipo, recientemente presentaron una obra creada por Ildefonso Aguilar para su colección privada, que además sirve de inspiración para la etiqueta del vino conmemorativo.

Las decenas de miles de personas que visitarán Bodegas El Grifo a lo largo del próximo año vivirán una experiencia doblemente inolvidable. Además del asombro que genera la visita a sus instalaciones y a su Museo del Vino, los visitantes tendrán la oportunidad de tomar conciencia de que se encuentran en un lugar impregnado por la historia del vulcanismo insular y de La Geria, visible en cada rincón.

Un águila con un pico afilado y garras poderosas

Al llegar, una escultura dedicada a una criatura mitológica, el Grifo, da la bienvenida a los visitantes del Museo y las Bodegas desde la carretera general. La parte superior de esta figura fantástica representa un águila con un pico afilado y garras poderosas, mientras que la parte inferior es la de un león, con patas musculosas y una cola prominente. El Grifo es el emblema corporativo de las Bodegas, y su diseño lleva el sello de César Manrique, quien también ideó la transformación de la antigua bodega en un museo.

El Museo del Vino El Grifo se localiza en las centenarias instalaciones de la bodega en el Espacio Natural Protegido de La Geria. El museo ocupa una bodega que data del siglo XVIII y en él se exhiben la propia bodega, el antiguo lagar y la maquinaria de vinificación fechados al menos en 1775, mostrando la evolución de la cultura vitivinícola de la isla desde su nacimiento. También se exhiben prensas de vino, bombas, pisadoras, alambiques y otros útiles para la elaboración de vino y que datan del siglo XIX y principios del XX. Su biblioteca cuenta con unas cinco mil obras sobre la temática del vino.

Verdadero centro de interpretación de La Geria

La herencia del volcán se percibe claramente en el interior de las Bodegas, reflejando una relación ancestral que, desde hace varias generaciones, los propietarios mantienen con la viticultura lanzaroteña en esta comarca protegida. El museo alberga un pequeño jardín de cactus, una huerta de frutales y de palmeras, así como los tradicionales chabocos, en los que se plantan parras de uva moscatel, algunas de las cuales datan del siglo pasado. Los chabocos son cavidades u oquedades abiertas en la lava, en las que se cultivan parras y árboles frutales.

El Museo del Vino El Grifo es el verdadero centro de interpretación de La Geria. Tras su visita, se comprende de manera más profunda este singular paisaje agrícola, cuyo origen remonta a la necesidad de los agricultores de la época de recuperar las vastas extensiones de tierras de cultivo sepultadas por las cenizas volcánicas, especialmente las provocadas por las erupciones de Timanfaya, que tuvieron lugar de forma ininterrumpida entre 1730 y 1736.

Plantar bajo los mantos de escoria

Al intentar recuperar las tierras de cultivo sepultadas por las cenizas volcánicas, los primeros propietarios de la bodega, al igual que otros cosecheros, pronto se dieron cuenta de que plantar bajo los mantos de escoria aumentaba la productividad agrícola. Las plantas que habían quedado parcialmente cubiertas por la ceniza mostraban un desarrollo más favorable. Fue así como surgió la idea de excavar esta capa superficial hasta alcanzar el suelo enterrado, en el que se realizaba la plantación, generalmente de viñas y, en menor medida, de otros frutales como higueras.

De ahí surge la plantación de parras y árboles frutales en el fondo de hoyos abiertos en los vastos depósitos de arena dejados por las erupciones. Esta técnica facilita que las plantas enraícen más fácilmente en el suelo fértil. Al mismo tiempo, se construyeron infinidad de pequeños muros de piedra seca, los socos, que protegen los cultivos del viento, creando una intervención humana de gran belleza. La forma de los hoyos, junto con las paredes adicionales, resguardan los cultivos de las inclemencias del viento. El resultado es un paisaje agrario monumental, dominado por esta emblemática bodega.