Ginés Díaz Pallarés

Otro de chinos

15/5/2019
Esto lo escribí antes de la magnífica conversación en la Fundación César Manrique entre Iñaki Gabilondo y Sami Naïr. No cambio una coma.
 
La China de la gran muralla se abre al mundo. Los EEUU, los de aquella idea de la democracia, globalización y libre mercado, comienzan a construir su gran muralla. Los chinos construyeron la suya para protegerse de los nómadas mongoles que, una y otra vez, les atacaban; los americanos para protegerse de los pobres, de los marginados de su imperio.
 
La muralla china pasa a ser un símbolo turístico mundial de la globalización que los americanos querían. La americana, el nuevo símbolo anti globalización de lo que ya no quieren. Los chinos entrelazan fotones e información a través del espacio; y los otros, acostumbrados a lo que consideran razas inferiores, ahora no saben qué hacer con estos amarillos, ¡ja!, y sacan a un presidente a hacer amarillismo puro y duro.
 
Mientras, los que saben de las raíces, la cultura y las capacidades de China tiemblan.  Porque saben que si hace el tiempo que hizo, descubrieron la pólvora, qué no se traerán ahora entre manos, con esos entrelazamientos. Los chinos ahora sueñan. No les importa que los metan en una depresión como no importó en su momento la de EEUU. Los chinos sueñan ligeros con la mente, los americanos el pesado sueño de la jartura de estómago.
 
Y aquí, lo que me temo que se esfuma para todos es el concepto de democracia. Y ya ves lo que pude disfrutarla, desde los veinte años hasta ahora, y con saltadas de guión espectaculares, ya saben eso de la separación de poderes y demás. En realidad una transición cada vez más estropeada. ¡Ja! la de los griegos aguanto más, y ya me parece que apunté cuando reciente iban a por ellos con métodos monetarios que eso era de muy mal agüero.
 
Y dejo la segunda parte que es lo mismo, pero no termino de entrelazarlo.
Los pobres niños chinos
Cuando yo era niño llevábamos dinero, me parece recordar que a la escuela o a la iglesia, para ayudar a los "pobres niños" chinos. Todos los años, igual que llegaban los trompos o el teje o los boliches o los sarantontones, llegaban las campañas para recaudar dinero para los "pobres niños" chinos. Porque para niños pobres no se hubiera entendido nada, porque de ellos estaba petada España. Y mi isla. No sé si en lo que me reste de vida habrá recolectas en China para los pobres niños españoles. O les mandarán jueguitos electrónicos de regalo, inaccesibles ya para estos.
 
Yo los recibía de Venezuela (nosotros éramos pobres para ellos). Juegos de pilas, que se acababan y puafff. Pero tenía su punto sentarte y ver aquel pescado echando luces y trompicándose con las esquinas del cuarto y, de forma mágica, rebotándose hacia otro rumbo aleatorio. Hasta que las luces se iban apagando y el pescadito con ruedas se quedaba inerte dándose los últimos cabezazos, ya inútiles y sin fuerza, con la pata de la mesa y sin energías para girar. Cosas de Venezuela. Y de civilizaciones.
 
De oro dorado a oro negro a oremos por ella. Lo que sí sé es que, aunque no lo aparente, las cosas cambian y vaya si cambian. Y que la vida de un humano da para ver mucho. De lo que son los cambios. En mi vida, por ejemplo, ha sucedido un hecho que va a modificar la faz de la tierra y la humanidad y es que una cultura milenaria se abre por primera vez al mundo. Y con ella arrastra a toda el área. Asia. 
 
¿Hacia dónde? Será la experiencia totalmente novedosa de los que nos relevan. Y hasta para mi, si sigo un tiempo suficiente. Lo que suceda en estos próximos 20 años va a ser de contar. Es normal, entonces, que Estados Unidos se repliegue: saben que no pueden competir. Así que intuyo que pretenden crear un mundo americano, con el Pacífico a un lado, el Atlántico a otro y toda América para ellos. Y guarecerse, aislarse. Amurallarse.
 
Suena raro ese aislamiento, pero así más o menos percibíamos a Asia hasta el otro día. Me imagino que dirán a los chinos: quédense el resto del mundo y no nos hagamos daño. Y como los chinos tienen una paciencia de chinos, igual lo aceptan y esperan tranquilitos. Igual que USA esperó a que Venezuela sea un fruto maduro, ellos esperaran que el aislamiento seque la fruta yanky.
 
Lo que no termino de explicarme es qué pinta Europa en ese mundo. Me imagino que será ese sitio exótico al que viajar como nosotros lo hacemos aun a la India, por ejemplo, y millones y millones de asiáticos nos visitarán de turismo y aventura y muchos descubrirán  una extraña religión con un señor colgado en la cruz. Y esos pobres mestizos tan simpáticos, pobres, exóticos, bulliciosos, corruptos y creativos. Entrando y saliendo en esos templos.
 
Pero pienso que el gran cambio, el que marcará una nueva era más allá de lo político, será el día que a los chinos y chinas se les quite la tontería y empiecen a aparearse con l@s african@s y europe@s de forma masiva. Con l@s otr@s. Al fin y al cabo, parece que fue por allí donde distintos homínidos se fueron mezclando (alguno aún desconocido) para crear el sapiens. De todos me parece el más imposible, pero ya ves la que lié con el medio duro que tenía para los boliches y mandé para los pobres chinos.
 
Y si así fuera, en la historia del tiempo de los humanos los americanos quedarán como  una nación creada por un gran flujo de conquistadores, colonizadores, emigrantes y esclavos africanos llevados a trabajar a un recién conquistado territorio, y que, como los antiguos griegos, crearon una democracia y un magnífico ejército que se esfumó en muy pocos años, menos de 200, pocos para tan gran imperio. Y apuntar que 2000 y más años después, a la democracia le seguía costando sostenerse sin esclavos y los demócratas,  más allá del muy reciente voto, no sabían qué hacer con las mujeres.
 
Así que tenemos junto al cambio climático el cambio chinático. Casi nada. Más aun, si tenemos en cuenta que aquí nadie cambia. Un extraño sopor de estanque, de encharcarla.

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