Marcial Riverol

Arrecife: empezarla de nuevo

10/7/2018
Nunca la necesidad de comenzar de nuevo ha sido tan apremiante como en los momentos que vivimos. Reclamar nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza, con la política, con nuestros semejantes… se hace necesario de forma cíclica. A pequeña escala, en Arrecife, tras una paciente espera, urge reclamar un nuevo pistoletazo de salida al escenario político, porque este no colma las expectativas ni del espacio urbano ni de la ciudadanía. La política no se ha revelado como el medio; no se manifiesta como el servicio; no es el instrumento para las respuestas a la gestión de las competencias municipales.
 
La política no lo es, pero el escabroso territorio de los técnicos tampoco ayuda, pues muchos de ellos andan conchabados en esa suerte de club del poder de los funcionarios, crecidos ante esa realidad que dicta el “yo permanezco y tú te vas”, como han llegado a responderle a algún cargo electo.
 
Los funcionarios paralizan y hacen política
Pocos ovarios y menos cojones han tenido algunos representantes políticos para enfrentarse a esa realidad, que también paraliza y condiciona la vida de una ciudadanía hastiada de esperar no se sabe bien qué… Una elección y otra, con la esperanza de que algo cambie, pero constatando que los últimos son perores que los anteriores y que cualquier hijo de la democracia, por el mero hecho de serlo, merece un puesto político que le otorgue, en forma de cargo público, la instrucción que no tiene y la experiencia de la que carece.
 
Los funcionarios paralizan y hacen política y, a la vez, en un descontrol del que todos participan, hacen la vista gorda a su inacción y a su consciente falta de competencia. Por momentos, algunos cargos sabedores de esa perversión han tejido alianzas para medrar en la caja pública, sentándose en el banquillo unos y otros para rendir cuentas sobre su eficacia  en lo delictivo.
 
Los cargos públicos, de los alcaldes para abajo, van permitiendo que todo permanezca como está, y su falta de diligencia es inversamente proporcional a su interés en permanecer en el cargo. No hay actividad, pero tampoco gestos, y solo la estulticia hace su aparición en el panorama público, tan vacuo, tan sumamente inoperante, tan descorazonador.
 
Lo que tiene remedio y solución, y Arrecife -el problema- lo tiene, queda al pairo como un tablón a la deriva, deteriorándose, siendo conquistado por parásitos, al albur de las olas, en dirección al olvido.

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