EFÉMERIDES

Pastor de vientos y volcanes, el rastro de Alberti

MAP 30/05/2017 - 06:15

Dos de junio de 1979. Sábado por la noche, Auditorio de los Jameos del Agua. En una “memorable jornada artística” tuvo lugar “uno de los acontecimientos culturales más importantes de la historia de nuestra isla”. Las crónicas periodísticas del momento se deshicieron en elogios ante la presencia de Rafael Alberti en Lanzarote: lectura de poemas mano a mano con la actriz Nuria Espert. 

Al comenzar el recital, Alberti anunció que iba a dar lectura a unos fragmentos de un poema que había escrito sobre Lanzarote, aún inacabado y dedicado a César Manrique. Y las leyó... Ese poema está fechado el día 31 de mayo de aquel año, se titula “Lanzarote. Primera estrofa” y está dedicado: “A César Manrique, pastor de vientos y volcanes”. El poeta gaditano ya había renunciado a su escaño en las Cortes y, aunque mantenía su compromiso político, estaba centrado en su obra literaria; no obstante, mantenía intacto su aura de icono de la libertad.
 
“Alberti y Espert inundaron de poesía El Almacén en una pequeña ciudad periférica, Arrecife”
 
Junto a Pablo Picasso, García Lorca y Luis Buñuel, el poeta era uno de los referentes durante los primeros años de vida del Centro Polidimensional El Almacén en la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado. Invitados por Manrique, Alberti y Espert se alojaron en su casa de Taro de Tahíche y, el día antes de su actuación en los Jameos, inundaron de poesía El Almacén en una pequeña ciudad periférica, Arrecife, que, no obstante disfrutaba de un faro cultural de primer nivel. Los presentó César, El Almacén a rebosar. Alberti recitó algunos poemas recientes y Nuria Espert declamó a Lorca. Fueron recibidos con muestras de admiración y afecto, firmaron autógrafos y cenaron en el restaurante Picasso.
 
El rastro de Rafael Alberti en Lanzarote se recuerda con el poema que compuso en Taro de Tahíche un día de primavera de 1979, a la sombra, en la zona de descanso situada en un rincón del jardín de la piscina. 
 
 
Lanzarote. Primera estrofa 
 
A César Manrique, 
pastor de vientos y volcanes
 
Vuelvo a encontrar mi azul,
mi azul y el viento,
mi resplandor,
la luz indestructible
que yo siempre soñé para mi vida.
Aquí están mis rumores,
mis músicas dejadas,
mis palabras primeras mecidas de la espuma,
mi corazón naciendo antes de sus historias,
tranquilo mar, mar pura sin abismos.
Yo quisiera tal vez morir, morirme,
que es vivir más, en andas de este viento,
fortificar su azul, errante, con el hálito
de mi canción no dicha todavía.
Yo fui, yo fui el cantor de tanta transparencia,
y puedo serlo aún, aunque sangrando,
profundamente, vivamente herido,
lleno de tantos muertos que quisieran
revivir en mi voz, acompañándome.
Más no quiero morir, morir aunque lo diga,
porque no muere el mar, aunque se muera.
Mi voz, mi canto, debe acompañaros
más allá de las edades.
He venido a vosotros para hablaros y veros,
arenales y costas sin fin que no conozco,
dunas de lavas negras,
palmares combatidos, hombres solos,
abrazados de mar y de volcanes.
Subterráneo temblor, irrumpiré hacia el cielo.
Siento que va a habitarme el fuego que os habita.
 
Rafael Alberti

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