Top Secret, 2 de enero de 2018

Feliz 2018

Foto: Alberto Hugo Rojas.
2/1/2018
Feliz 2018
De la multitud de mensajes que nos hemos cruzado en las horas anteriores e inmediatamente posteriores a la medianoche de este pasado 31 de diciembre este Top Secret se queda con uno muy especial. Porque tenemos la costumbre, sana o no, de intercambiarnos glamour, paisajes y simpatía con la excusa de desearnos lo mejor los unos a los otros. Rebuscamos en diccionarios de citas célebres para adaptar, a peor, alguna de ellas; rastreamos Google en busca de una imagen, un ‘meme’ o un gif; nos vestimos como mejor sabemos y posamos junto a la familia para contagiar nuestra inmensa felicidad o enviamos un selfie en el que, casualmente, aparece de fondo algún icono paisajístico o arquitectónico tipo Torre Eiffel, Coliseo Romano o la 5th Avenue. Todo aparentemente perfecto en la noche que va de un año a otro. Aunque no siempre es así. No hace falta recordar la de gente cuya realidad, por desgracia, no es tan ideal. O aquellos otros que huyen voluntariamente de esa casi siempre irrealidad para sumergirse en los dramas de estos días. Tal es el caso del lanzaroteño Alberto Hugo Rojas, hijo de José Luis Rojas, decano de los reporteros gráficos de la isla. Rojas, hijo, está en Chíos (o Quíos) una isla griega situada en el mar Egeo y próxima a la costa de Turquía. Es un conocido punto turístico por su historia, paisajes y buen clima. Pero también por el drama humano de los refugiados.
 
Como ratas
Expresa Alberto Hugo su deseo para este 2018: “Recuperar los Derechos Humanos es un reto para todos este nuevo año, pues están muertos y enterrados en Europa, lo veo en cada paso y lo siento en la desesperación de los refugiados, sufriendo un verdadero infierno”. Y lo acompaña con una fotografía en la que se aprecian cinco hombres. Cuatro de ellos en cuclillas compartiendo un raquítico e indeterminado mejunje y el quinto, con algo más de suerte, una tortilla de maíz imaginamos que escasamente rellena de lo que se adivina en esa sartén que convive en el frío suelo con los desgastados zapatos de los hombres e incluso un par de cubiertos de plástico muy parecidos a los que usamos en nuestras celebraciones cuando no queremos lavar la cubertería y echamos mano de los que luego tiraremos a la basura. Los de los hombres de la foto, probablemente, se reutilizan y puede que hasta se compartan. Y allí también llega 2018. Y recientemente ha sido Navidad. Y en breve será 6 de enero. Y seguramente nuestro ADN coincide en un 99,9 por ciento con el de ellos. Alberto Hugo Rojas ha acertado al felicitarnos el año nuevo con esta postal seguramente mucho más realista que las que comentábamos en el primer parráfo. Y lo peor es que se nos van acumulando las causas que requieren de nuestra solidaridad.
 
La esperanza
Alberto Hugo Rojas lleva muchos años denunciando estas situaciones. En Irak, en Palestina, en Siria, en los campos de refugiados... A la verdad de su objetivo fotográfico ha añadido posteriormente su testimonio personal a través de charlas allá donde es requerido. Su proyecto se llama ‘Paz en construcción’ y ha visitado ya algunos centros educativos gracias al apoyo gubernamental y al esfuerzo privado. Rojas habla al alumnado de la necesidad de que las nuevas generaciones “tengan valores humanos, aplicables a lo que quieran ser y hacer en la vida con la vista puesta en el futuro”. Puede que a un mejor futuro se llegue por la vía del humanismo y quizá por ello sea un tanto desasosegante comprobar cómo las ciencias le ganan la partida a las humanidades en las preferencias universitarias de los jóvenes. Un dato: por primera vez en sus cuatrocientos años de historia, la Universidad de Harvard cuenta entre sus alumnos con más estudiantes de ciencias –concretamente, de ingeniería y ciencia aplicada– que de humanidades. Y seguramente la de Informática sea una de las que continúa una línea ascendente que parece imparable. Sin embargo como explica el biólogo Edward O. Wilson, ganador por dos veces del Premio Pulitzer, son las humanidades, y no las ciencias, lo que distingue al ser humano. Y si lo dice un científico habrá que creerlo. Bienvenidos a 2018.

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