Yaiza Ferrosola

27 metros de incompetencia del ex-concejal

Veintisiete metros de zona de aparcamiento reservados para el trenecito de marras.
26/12/2017
En la Biblioteca Insular, en la Escuela de Música, o en el Pancho Lasso, como dicen los jóvenes, deben estar que trinan con el regalo que uno de los ex-concejales de CC, Rafael Juan González Robayna, para ser más exactos, ha dejado antes de su partida del Ayuntamiento de Arrecife, que algunas deseamos que sea definitiva.
 
Quien ha medido el despropósito me dice que son veintisiete metros de aparcamiento del trenecito turístico, ocupando la mayor parte del frente de la Escuela, lo que supone la pérdida de los aparcamientos de muchos usuarios, no sólo del centro de arte, sino de la Biblioteca, de la Escuela de Música o de la Cruz Roja. Una zona, por tanto, eminentemente administrativa y educativa, ni tan siquiera cultural, donde no tiene explicación el paso ni el aparcamiento del tren turístico. Más cuando aparcar en ella es tarea de titanes. Siendo consciente de las bondades de devolver a ciudad a los peatones eliminado aparcamientos y ensanchando aceras, este no es el caso ni de soslayo, ni creo que las medidas sostenibles quepan en la cabeza del ex-concejal y, visto lo visto, de ninguno de los salientes.
 
La idiotez nunca ha dejado de cabalgar por este páramo que es lo público
La mente del ex-concejal ha diseñado un paseo turístico cuestionable, y con independencia de que las paradas perjudiquen a algún usuario de la vía medular, no se comprende qué se le ha perdido a algún turista por ninguna parte de la ciudad que no sea el litoral. Hay quien afirma que la incompetencia no es tal, sino que tiene un fin y que no es otro que el trenecito ocasione los suficientes problemas de tráfico para que CC los justifique por el cierre de la avenida y La Marina, y con ello continuar el desgaste, compartido con el PP, de Eva de Anta. Y digo el PP por aquella ocurrencia de que los accidentes de tráfico en La Vega son imputables a aquel cierre.
 
No hay mucho más que decir que la idiotez nunca ha dejado de cabalgar por este páramo que es lo público. Lo demás sobra.